• orientar a los lectores cómo lograr una buena terapia y
tratamiento para un infectado del virus VIH.
• Identificar los diferentes tipos de trastornos Psicológicos
• Orientar a los estudiantes sobre los diferentes tipos de terapias
psicológicas
• Educar sobre cómo debe comportarse el psicólogo con los pacientes con
VIH-SIDA.
• Información básica sobre el VIH-SIDA y los daños que puede causarle al
paciente.
Este
trabajo me ha dado mucha satisfacción debido a que yo he podido darme cuenta de
la importancia de las terapias psicológicas. Quisiera reconocer también,
lo impresionado que me siento, al darme cuenta como la mente puede llevarnos a
destruir nuestro propio cuerpo.
Después de un profesional evaluar el paciente y, dependiendo de la
conclusión a la cual lleguemos, podríamos recomendar al paciente que tipo
de terapia necesita. En caso de detectar en el paciente algún
síntoma de trastorno psicológico deberemos advertir al paciente que si
interrumpe la terapia podría él, entrar en depresión, y entonces sí
tendría él, muchos trastornos tanto psicológicos como físicos.
Este trabajo tiene como objetivo orientar como llevar una terapia para un infectado
del virus VIH. El profesional de la salud a la hora de trabajar como
consejero de una persona infectada con VIH, debe orientarse primero sobre que
es el sida, para que el paciente no sienta ningún tipo de inseguridad a la hora
de interactuar con el psicólogo. Los profesionales en salud que tratan con
sujetos seropositivos pueden lograr a través de la terapia psicológica, que el
paciente lleve una vida sana, mentalmente hablando, y que por consiguiente ,su
sistema inmunológico se mantenga sano.
Antes de diagnosticar a un paciente sería bueno que el psicólogo
chequee rigurosamente los antecedentes personales del paciente, esto se debe a
que hay paciente con dificultades somáticas que podrían confundir al psicólogo
en su diagnostico. Después de entrevistar al paciente, si el psicólogo no está
seguro todavía del diagnostico, será mejor que espere una o varias entrevistas
mas para dar un diagnostico acertado , mientras tanto podría ir explicándole al
paciente la importancia de una terapia psicológica.
IMPORTANCIA DE LA TERAPIA
PSICOLÓGICA:
Para cualquier paciente crónico, el hecho de afrontar su enfermedad le hace
pasar por un proceso psicológico que le obliga a enfrentarse a ello todos los
días. Por ello, es frecuente, la aparición de trastornos tales como:
depresión o ansiedad.
En los pacientes infectados por VIH, la incidencia de trastornos depresivos
es mayor que en otro tipo de pacientes crónicos. Hay que tener en cuenta
factores fisiológicos relacionados con el virus que pueden empeorar este
malestar emocional, e incluso pueden provocar trastornos del Sistema Nervioso
Central. Actualmente se han definido una serie de trastornos neurológicos
asociados al VIH, denominados HAND, que pueden ir desde trastornos
asintomáticos hasta demencia asociada al VIH.
La ayuda psicológica es esencial para que una persona afectada por el
VIH/SIDA y su familia pueda afrontar la enfermedad. La consulta y las sesiones
con un terapeuta profesional se revelan como una herramienta fundamental en el
tratamiento de la enfermedad.
El asesoramiento es vital para afrontar la enfermedad, y puede ayudar al
paciente a cambiar sus pensamientos, sentimientos o comportamientos respecto a
la infección VIH positiva. También la familia y allegados pueden
beneficiarse del asesoramiento psicológico.
La eficacia de la terapia varía. Algunas personas responden estupendamente.
Otras apenas encuentran consuelo. En líneas generales, los estudios concluyen
que el asesoramiento psicológico puede ayudar a tratar efectivamente a las
personas con VIH que también desarrollan problemas relacionados con la
depresión.
A través del asesoramiento psicológico podría motivar a un paciente
para que se convierta luego él mismo, en un miembro de grupo de apoyo a
otras personas enferma de VIH.
El VIH suele estar asociado a
comportamientos de riesgo que facilitan la tendencia a culpabilizar
irracionalmente a los demás -fundamentalmente a la persona que transmitió la
infección, pero también se puede culpabilizar a las circunstancias o a uno
mismo- por lo que se hizo o se dejó de hacer.
Tipos de terapia psicológica
La elección del tipo de psicoterapia que necesita el paciente dependerá de:
1. Las
necesidades individuales
2. historial
3. síntomas.
Las intervenciones psicológicas individuales o
grupales son de enorme utilidad para el manejo de numerosas situaciones que el
paciente debe afrontar a lo largo de su enfermedad. La ayuda psicológica va a
permitir al paciente afrontar y resolver o adaptarse a los acontecimientos
vitales estresantes asociados a su condición seropositiva, controlando de esta
forma la depresión y mejorando la calidad de vida.
Existen tres fases en el proceso de consejería:
a) la ayuda psicológica pre
prueba del VIH, con el fin de explicar el significado del resultado ya sea
positivo o negativo y aclarar las distorsiones, temores y preocupaciones;
b) la ayuda psicológica post-prueba
del VIH, interpretando el resultado de la prueba e investigando las reacciones
emocionales ante el resultado y determinando la necesidad de una investigación
especializada por los profesionales de la salud mental.
c) la ayuda psicológica para
reducción de comportamientos de riesgo, exponiendo las normas para la
prevención de la transmisión.
Para las personas que experimentan alteraciones mentales van a existir
diversos enfoques psicoterapéuticos ampliamente utilizados en pacientes con
infección por el VIH. Hay que estar, siempre pendiente por si es
necesaria la intervención farmacológica.
Los objetivos de las estrategias psicoterapéuticas en pacientes con
infección por el VIH varían en función del estadio de la enfermedad y de los
síndromes clínicos concretos. Todas las intervenciones psicológicas en el
paciente médico, con la independencia de la orientación teórica de cada
terapeuta, van destinadas a conseguir una mejora de la calidad de vida de éste,
a través del desarrollo de unas estrategias de afrontamiento de la enfermedad
que sean adaptativas.
El profesional deberá mostrarse sereno y no levantar las alarmas en el
paciente, nunca debe cometer el error de mirar al paciente con pena, pues
podría él, interpretar que no tiene posibilidades de superar la enfermedad.
Desde mi punto de vista, sería muy importante que el psicólogo eduque al
paciente sobre que es el virus VIH y que Daños podría ocasionarle si no hace
las cosas correctamente. Tendrá que explicarle los daños que él mismo, con su
actitud, podría hacerse, y es que, si el paciente se empeña en dragar su
autoestima y mantiene una actitud pesimista o de culpa, pronto entraría en
ansiedad o estrés y luego en depresión, todo esto le ocasionarían graves daños
de salud, ya que, está comprobado científicamente que el estrés mata las
neuronas e inhibe el sistema inmunológico.
Se debe
explicarle al paciente con VIH que tiene derecho a ocultar su
enfermedad y a no sentir culpa por ello, en el área de trabajo por
ej. Ya que él, no constituye un riesgo real para sus compañeros de trabajo, no
se justifica la exigencia de las pruebas de seropositividad como criterio de
contratación. Tampoco se debe obligar a los trabajadores a informar a los empresarios
de su condición de seropositivo, se debe hacer lo posible para preservar la
confidencialidad, a fin de proteger a la persona de toda estigmatización o
discriminación.
Es imprescindible aprender a
reconciliarse con lo que uno es o fue, con las propias sombras y debilidades.
Nadie elije tener VIH y fuera lo que fuese lo que se haya hecho jamás se
realizó con esa intención. En todo caso se pudo haber sido imprudente pero no
se es culpable por una falta que se ha llevado a cabo.
Al cuestionar la culpa irracional
puede resultar útil revisar la propia biografía: ¿El contacto con el VIH ha
sido voluntario, deliberado, y se ha buscado intencionada y conscientemente? Si
hubiera sabido lo que iba a pasar, seguramente hubiera actuado de otra forma.
Es necesario entenderse como seres
humanos imperfectos, mejorables, en constante crecimiento. Y los seres humanos
se equivocan. Equivocarse es parte del aprendizaje vital.
No se trata de no cometer errores o
de no asumir las equivocaciones propias y culpar a los demás, sino de aprender
de ellos para crecer y para evitar repetirlos. Estamos aquí, ahora. Es
recomendable dejar de pensar en la dañina espiral de los "Y si
hubiera." porque no se puede cambiar lo que ya pasó. El remordimiento por el
pasado, por lo que se hizo o se dejó de hacer, o la rabia por lo que alguien
hizo, pueden impedir la auto-comprensión, el perdón y el acercamiento a la
realidad que se impone vivir
Si uno aprende a comprenderse y
perdonarse la conducta tiende a mejorar. Si uno se ancla en el rechazo y el
ataque resulta más difícil cambiar y el comportamiento hacia los demás suele
ser más defensivo-agresivo.
Debe ser un trago amargo tener que decirles a tus seres queridos que tienes
el virus VIH+. Lo primero que le llegara al paciente es la idea del rechazo.
Conviene tener en cuenta que, aunque en un primer momento pueda, el pariente,
responder con rechazo, compartir esa información puede incluso fortalecer
la relación con su familiares.
El paciente deberá aprender a asimilar el rechazo de algunos seres
queridos, deberá comprender que en un principio cuesta aceptarlo, debido
a los temores (ej. el contagio, respecto a los niños de la casa, etc.
Hay que hacerle entender al paciente que ninguna persona consiente
tratara de conservar a sus amigos ocultándoles la verdad de su
condición.
Será mejor el desahogo, que vivir ocultándose, si no comparte con
nadie lo que sucede, podría ser peor para él.
Es un proceso de diálogo abierto, en el que interactúan el psicólogo
y el paciente. Por medio de este método, se puede lograr un cambio en la
conducta del paciente con VIH, también se podría solucionar los problemas
de orden emocional y físico. El profesional debe prestar mucha atención a
todo lo que dice, hace y expresa, no se debe crear espacios para la
desconfianza del paciente, ya que sería bueno, que este comunique sus temores,
confusiones, miedos, etc.
Es de vital importancia saber interpretar el lenguaje no verbal (gestos,
expresiones faciales, postura corporal). No violentar los momentos de silencio,
ya que los mismos estimulan la reflexión. Permitir espacios para que el
paciente asimile la información brindada.
Se debe ser asertivo, claro, directo y preciso, dirigiendo las preguntas
hacia la información que se desea obtener. Hacer preguntas abiertas, ya que las
mismas permiten al paciente desahogarse y brindar mayor información. La
información debe ser clara y precisa, para que el paciente aclare, amplíe y
corrija; ofrecer un ambiente cálido, tranquilo y de suma confianza.
Importante:
• Respetar los
valores, estilos de vida y preferencias sexuales.
• No se debe emitir
juicios de valor, ni imponer ideas.
• Dar respuestas
científicas y adaptadas al estilo de vida del paciente.
• Guardar
confidencialidad, se debe tener respeto con los secretos de los pacientes, la
mayoría de los pacientes se abren al diálogo y la confianza, pocas veces el
paciente se niega a hablar, ya que la mayoría desea expresar eso que llevan
dentro.
La confidencialidad es un valor necesario en la relación médico-paciente
fuertemente arraigado en la tradición médica.
Se les debe orientar a los pacientes para que si deciden procrear hijos sea
esto de una manera que no perjudique a su futuro bebé, de manera que pueda
tomar decisiones conscientes e informadas. Actualmente existen medicamentos que
administrados a la madre durante el embarazo, reduce en forma importante la
posibilidad de que el bebé nazca infectado.
La importancia
de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de
ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, puede afectar a
nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás.
Nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la
influencia de la autoestima.
Teniendo relaciones sexuales con protección, usar una barrera que impide el
intercambio de fluidos, como el condón masculino de látex o el femenino de
poliuretano, que empleados siempre y correctamente, evita el contagio
Cuando se produce una interacción
cuerpo-mente, originado por estrés social o psicológico, puede desencadenar una
serie de enfermedades graves, tales como la diabetes, el lupus eritematosa, la
leucemia o la esclerosis múltiple. Asimismo las emociones negativas pueden
afectar a ciertas funciones corporales como la frecuencia cardíaca, la
sudoración, los patrones del sueño y el ritmo de las evacuaciones intestinales.
Las investigaciones actuales (2007)
aún no han identificado las vías de comunicación y los mecanismos por los
cuales interactúan el cerebro y el sistema inmune. Sin embargo, las
investigaciones han demostrado que esas relaciones existen.
Se ha demostrado que la urticaria
puede producirse por una alergia física o por una reacción psicológica. La
depresión puede inhibir el sistema inmune, haciendo que una persona deprimida
sea más predispuesta a ciertas infecciones, como las causadas por los virus del
catarro común.
El estrés puede causar síntomas
físicos aunque no exista enfermedad orgánica. En muchos casos el cuerpo
responde fisiológicamente al estrés emocional. A veces el estrés puede causar
ansiedad, tensión muscular causante de una serie de dolores musculares.
En muchos casos llegan a realizarse
muchas pruebas diagnósticas infructuosamente, tratando de descubrir la causa
del aumento del ritmo cardíaco, de los dolores de cabeza o de los dolores de
espalda, sin encontrar la causa orgánica que los produce.
Los factores psicológicos pueden
influir indirectamente el curso de una enfermedad, algunas personas gravemente
enfermas niegan estarlo o niegan su gravedad. La negación es un mecanismo de
defensa que ayuda a reducir la ansiedad y hace más tolerable una situación
amenazadora. Sin embargo, la negación puede impedir que una persona cumpla un
tratamiento, lo cual puede acarrear consecuencias graves.
Por contra, también las enfermedades
físicas pueden afectar al pensamiento de una persona o a su estado de ánimo.
Las personas con enfermedades graves, recurrentes o crónicas, generalmente se
deprimen. La depresión puede empeorar los efectos de la enfermedad orgánica y
se añade a los padecimientos de la persona.
La depresión puede conducir a
insomnio, pérdida de apetito, pérdida de peso y cansancio extremo, en muchos
casos, la persona cree que la causa de su sintomatología es causada por un
trastorno físico. Esto se conoce como depresión “enmascarada”. Algunas personas
son capaces de admitir que se encuentran deprimidas, pero entonces tratan de
explicarlo como resultado de un trastorno físico.
La ideación suicida es común en las personas infectadas por el VIH y
suele estar asociada a un incremento de los síntomas. También hay un incremento
de las tentativas auto líticas y suicidios respecto a la población general. Los
clínicos también deben estar pendientes de la posible aparición entre los
sujetos seropositivos de cuadro maniacos, siendo en estos pacientes la causa
más frecuente de hospitalización psiquiátrica.
La reacción a estrés agudo se trata de un trastorno transitorio de una gravedad
importante. Puede ocurrir en cualquier fase de la infección por VIH,
especialmente coincidiendo con cambios en el estado clínico del individuo y
ante el diagnóstico de seropositividad. Dentro de las relaciones emocionales
posibles las más frecuentes incluyen la cólera, culpabilización, miedo,
negación o desesperanza.
Los trastornos de adaptación se trata de estados de malestar subjetivo
acompañados de alteraciones emocionales que, por lo general, interfieren con la
actividad social y que aparecen en el periodo de adaptación.
Episodios de ansiedad recortados (de uno a varios meses) son frecuentes en
los pacientes seropositivos. Las tasas de trastorno de ansiedad generalizada en
el momento de la evaluación oscilan entre el 5% y 20%.
La disfunción sexual es muy común (39-59%) y compromete en casi todos los
casos un trastorno por disfunción del deseo sexual. Los trastornos psicóticos
se encuentran más a menudo en los estudios avanzados de la infección VIH.
También son frecuentes los trastornos de personalidad. Los diagnósticos más
comunes en orden decreciente son el trastorno de personalidad límite,
antisocial, dependiente, pasivo-agresivo, histriónico y no especificado.
Además, la infección VIH puede complicarse por un trastorno de la conducta
alimenticia.
Cuando estamos en frente de un paciente VIH+
debemos empezar la conversación por explicarle, al paciente, que por el
hecho de que él quiera o sienta la necesidad de llevar una terapia psicológica
no significa que necesariamente tenga él, algún trastorno mental, pero
que, debido a que tiene él, una enfermedad crónica, es bueno que
cuente con dicha terapia. En ese mismo orden de ideas deberá entonces
explicársele a él, brevemente, en qué consiste dicha terapia, que problemas le
evitaría, así como, que tiempo dura y el costo.
Cuando un profesional de la salud toma la responsabilidad de ser el
consejero de un paciente con VIH positivo debe orientarse muy bien sobre todo
lo referente a esta enfermedad. Lo primero que deberá hacer, desde mi punto de
vista, es ganarse la confianza del paciente para que el tratamiento tenga
éxito. Debe comenzar por explicarle al paciente que tiene que luchar, con un
asesino silencioso que va a hacer todo lo posible por destruir su sistema inmunológico
y luego terminara con su vida. Por lo tanto debe el profesional ,explicarle con
detalle ,como puede él luchar por su vida , y aprender a vivir con un enemigo
que si bien es cierto que tratara de matarlo , no podrá hacerlo con mucha
facilidad si sigue los consejos , tanto de su médico como del psicólogo. Deberá
crear conciencia en el paciente para que entienda que si baja la guardia
perderá la batalla.
Barrera Hematoencefalica: el virus puede llegar a atravesar la barrera Hematoencefalica llegando al
líquido cefalorraquídeo y favoreciendo la replicación del virus en nuestro
cerebro. Esta barrera Hematoencefalica está entre los vasos sanguíneos del
cerebro y el sistema nervioso central. La misma impide que sustancias
tóxicas que circulan por la sangre pasen al Sistema Nervioso pudiendo afectar
su funcionamiento.
Es importante que las personas infectadas por VIH sean conscientes de estas
complicaciones e informen a su médico de todos aquellos síntomas que presenten.
Los primeros síntomas, relacionados con trastornos neurocognitivos, tienen
que ver con la concentración y la memoria. Las manifestaciones más
típicas son:
Dificultad a la hora de seguir una conversación
Necesidad de leer, de forma reiterada, párrafos y textos para su plena
compresión
olvido de citas y tareas
Cuando las tareas que se realizan son complejas, estos trastornos se hacen
más notorios y evidencian mayor dificultad y lentitud.
A medida que progresa la enfermedad, las dificultades se hacen más notorias;
junto con otros síntomas se presentan trastornos motores como:
Lentitud e imprecisión en actividades como la escritura
Temblores y pérdida del equilibrio, en especial en giros bruscos de cabeza
Alteraciones en la movilidad ocular y en los reflejos de los tendones, que
suelen estar aumentados (reacciona de forma involuntaria)
En cuanto a la conducta, son notorios cambios como el abandono de la vida
social, apatía, indiferencia y disminución de las respuestas emocionales.
En algunos casos, los pacientes que muestran estos trastornos pueden estar
irritables también.
nota: Si el paciente y sus familiares son consciente de la existencia de estos síntomas podrán identificarlos y acudir a un especialista.
nota: Si el paciente y sus familiares son consciente de la existencia de estos síntomas podrán identificarlos y acudir a un especialista.
¿Qué es el SIDA?
Es una enfermedad infecciosa causada por el virus de la Inmunodeficiencia
Humana (VIH), que ataca al sistema de defensas del ser humano y lo deja
desprotegido ante cualquier microorganismo.
¿Cómo actúa el VIH?
El virus entra en el organismo y se reproduce sin causar síntomas por mucho
tiempo. Es cuando se dice que una persona es seropositiva; es decir, que tiene
el virus pero aún no ha desarrollado la enfermedad. Poco a poco los virus
atacan las defensas y dejan al organismo expuesto a enfermedades e infecciones
que pueden causarle la muerte.
Para defenderse de esta producción de virus, el sistema inmune de una
persona produce muchas células CD4 diariamente. Paulatinamente el número de
células CD4 disminuye, por lo que la persona sufre de inmunodeficiencia, lo
cual significa que la persona no puede defenderse de otros virus, bacterias,
hongos y parásitos que causan enfermedades, lo que deja a la persona
susceptible de sufrir enfermedades que una persona sana sería capaz de
enfrentar, como la neumonía atípica y la meningitis atípica.
Estas enfermedades son principalmente infecciones oportunistas. Dado que el
organismo posee mecanismos de control de crecimiento celular dependiente
de células CD4, la destrucción progresiva de estas células ocasionará que estos
mecanismos no sean adecuadamente regulados, lo que origina en consecuencia la
presencia de algunas neoplasias (cáncer) que no ocurrirían en
personas «sanas». El VIH, además, es capaz de infectar células cerebrales,
causando algunas afecciones neurológicas.
Medicación antirretroviral:
Alrededor del 94% de las personas manifiesta efectos secundarios al
tratamiento, generalmente más intensos en su comienzo. Algunos de estos efectos
son: diarreas, náuseas y vómitos, fatiga, problemas sexuales, alteraciones del
sueño, neuropatía periférica, lipodistrofia, cambios metabólicos, dolores
crónicos por pérdida de masa muscular, manifestaciones cutáneas, etc. que
pueden ser muy molestos.
Estos efectos disminuyen en gran medida la calidad de vida y, si no se
afrontan de manera adecuada, pueden llegar a ser una importante fuente de
trastornos psicológicos y dificultades.
Los efectos secundarios pueden ser un impedimento para realizar
actividades gratificantes (disfunción eréctil, por ejemplo) La relación con el
cuerpo después del diagnóstico positivo puede ser diferente a la relación que
se tenía con él anteriormente y también puede variar de unas personas a otras.
Aunque se suele comenzar por un largo período sin manifestaciones corporales de
la infección, es justamente al comienzo de conocer el diagnóstico cuando más
pendiente se tiende a estar de cualquier síntoma de supresión inmune, cuando
más se quiere evitar el contacto social y cuando menos cómodo uno se puede
sentir en lugares públicos.
El impacto sobre la vida sexual puede afectar a la auto-identidad y causar
sentimientos de pérdida, tristeza e incluso depresión. Por supuesto que esto
depende de muchas variables, pero en general las mujeres comienzan a
preocuparse más por el contacto con la sangre durante el ciclo menstrual, a
estar más pendientes de ello debido a la posibilidad de mayores problemas
ginecológicos y a plantearse los temas sobre la maternidad (posibilidades de
transmisión del virus al niño durante el embarazo, parto, lactancia, etc.).
En fisiología el término homeostasis
se refiere a los mecanismos dinámicos que detectan y responden a desviaciones
del rango normal (punto de ajuste) de variables fisiológicas iniciando
respuestas efectoras que restituyen las variables al rango fisiológico óptimo.
Los mecanismos homeostáticos interactúan de manera continua para controlar el
estrés, y mantienen el ambiente interno dentro de los límites fisiológicos que
permiten la vida. Todos los aparatos y sistemas participan en estos mecanismos
reguladores (pH, equilibrio hidrolítico, termorregulador, sistema inmune, etc);
pero la mayor parte de ellos son controlados por los sistemas nervioso y
endocrino. Aunque el término homeostasis se ha aplicado tradicionalmente a la
homeostasis del fluido extracelular, se aplica también al fluido intracelular.
En realidad, el fin último de la homeostasis es la constancia del medio
intracelular.
La inmunodeficiencia es un estado patológico en el que el sistema
inmune no cumple con el papel de protección que le corresponde dejando al organismo vulnerable
a la infección. Las inmunodeficiencias causan a las personas afectadas una
gran susceptibilidad a padecer infecciones y una mayor prevalencia de
cáncer.
El sistema inmune humano se puede
alterar. Las alergias, como la fiebre del heno, son comunes y derivan de una
reacción inmune excesiva frente a lo que suele considerarse una sustancia
inofensiva. Las alergias extremas pueden ocasionar anafilaxis, una extraña
enfermedad que puede ser mortal. A veces, el sistema inmune reacciona de forma
incorrecta, más que exagerada y crea anticuerpos contra sus propias células,
esto se le llama autoinmunidad. Aunque correctas, las respuestas inmunes a
tejidos y órganos trasplantados son indeseables, por eso se toman medicinas
durante largo tiempo, para evitar que el sistema inmune rechace los
trasplantes.
Las inmunodeficiencias pueden ser
primarias (o congénitas) y secundarias (o adquiridas).
Las primarias se manifiestan, salvo
algunas excepciones, desde la infancia, y se deben a defectos congénitos que impiden el correcto
funcionamiento del sistema inmunitario.
Las secundarias, en cambio, son el
resultado de la acción de factores externos, como desnutrición, cáncer o diversos tipos de
infecciones. Un ejemplo de inmunodeficiencia adquirida por una infección viral
es el SIDA.
El efecto que tiene la respuesta
estrés en el organismo es profundo:
Predominio del sistema nervioso
simpático (vasoconstricción periférica, midriasis, taquicardia, taquipnea, ralentización de la motilidad
intestinal, etc.)
Liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), de cortisol y encefalina.
Aumento en sangre de la cantidad circulante de glucosa, factores de coagulación, aminoácidos libres y factores inmunitarios.
Todos estos mecanismos los
desarrolla el cuerpo para aumentar las probabilidades de supervivencia frente a
una amenaza a corto plazo, no para que se los mantenga indefinidamente, tal
como sucede en algunos casos.
A medio plazo, este estado de alerta
sostenido desgasta las reservas del organismo y puede producir diversas
patologías (trombosis, ansiedad, depresión, inmunodeficiencia, dolores musculares, insomnio, trastornos de atención, diabetes, etc.)
El origen del estrés se encuentra en
el cerebro, que es el responsable de reconocer y responder de distintas formas
a los estresores. Cada vez son más numerosos los estudios que corroboran el
papel que juega el estrés en el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.
Un estudio de la Universidad
de California demostró que un estrés fuerte durante un corto período de tiempo,
por ejemplo, la espera previa a la cirugía de un ser querido, es suficiente
para destruir varias de las conexiones entre neuronas en zonas específicas del
cerebro. Esto es, un estrés agudo puede cambiar la anatomía cerebral en pocas
horas. El estrés crónico, por su parte, tuvo en experimentos con ratas el
efecto de disminuir el tamaño de la zona cerebral responsable de la memoria.
Los llamados estresores o factores
estresantes son las situaciones desencadenantes del estrés y pueden
ser cualquier estímulo, externo o interno (tanto físico, químico, acústico o
somático como sociocultural) que, de manera directa o indirecta, propicie la
desestabilización en el equilibrio dinámico del organismo (homeostasis).
Una parte importante del esfuerzo
que se ha realizado para el estudio y comprensión del estrés, se ha centrado en
determinar y clasificar los diferentes desencadenantes de este proceso. La
revisión de los principales tipos de estresores que se han utilizado para
estudiar el estrés, nos proporciona una primera aproximación al estudio de sus
condiciones desencadenantes, y nos muestra la existencia de diez grandes
categorías de estresores:
situaciones que fuerzan a procesar información rápidamente,
estímulos ambientales dañinos,
percepciones de amenaza,
alteración de las funciones fisiológicas (enfermedades, adicciones, etc.),
aislamiento y confinamiento,
bloqueos en nuestros intereses,
presión grupal,
frustración.
no conseguir objetivos planeados.
American Psychiatric Association. (1995). Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Cuarta Edición. Masson, Washington.
Engler, Bárbara. (1998). Teorías de la personalidad. McGraw Hill. 4ta
Edición. México.
Jiménez, S. (1996). Herramientas para la atención del seropositivo. ILPES.
Millon, Theodore. (1998). Trastornos de la Personalidad, Más allá del
DSM-IV.
Unidad de Psiquiatría. Servicio de Enfermedades Infecciosas. Departamento
de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación. Madrid. 2001.
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